(Breve Crónica Periodística, publicada en DIARIO ELR ANCAHUASO, en 2006)
En los confines de nuestra tierra, bajo una verde
naturaleza, desde aquel viejo puente colgante, se ve fluir un río cristalino,
son las aguas del Puyuhuapi, las que baña el paisaje de la Patagonia. Pero
quién iría a pensar que unos extranjeros vendrían a estropear esta nativa
vegetación, con la vana excusa de establecer una reserva inexistente, el gringo
(Tompkins) y sus asesores profanaron el ambiente sureño, con su falso
ecologismo disfrazado de lucro y pompa, para satisfacer sus ambiciones.
En algunos años mas, en lugar de encontrarnos con la
estatua del ovejero a la entrada de Coyhaique, a lo mejor nos enfrentamos a la
estatua de un vaquero con sus pistolas en la cintura y un lazo en la mano.
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